Durante siglos se intentó silenciar la sexualidad. Por miedo al placer, fue censurada, reprimida y hasta castigada. En lugar de debilitarla, estos ataques crearon una sexualidad más poderosa pero, a la vez, la marcaron con miedo, prejuicios y secretos. Una sexualidad que se vive de este modo no puede ser nunca positiva o inteligente, es decir: no puede ser saludable ni placentera. 

Una sexualidad inteligente es aquella que nos conecta con nuestro cuerpo, con nuestras emociones, con los otros e incluso puede pensarse como un camino de crecimiento interior. Se sexualidad que nos enriquece y que nos hace más felices.

En este libro planteo y desarrollo tres ideas fundamentales. La primera es que la sexualidad, como todo en la vida del ser humano, se aprende. La segunda es que la sexualidad es una creencia en sí misma. Y la tercera es que existe un tipo especial de inteligencia: la inteligencia sexual, y para poder transformar la sexualidad en una sexualidad positiva necesitamos desarrollarla.

Cada una de estas ideas tiene una implicancia esencial en el desarrollo de nuestra capacidad para disfrutar de la sexualidad. 

Mi invitación es a que reflexiones acerca de tus creencias para poder modificar aquello que te limita, reafirmar lo que te vincula con el placer y sumar nuevos conocimientos y experiencias a través del desarrollo de tu inteligencia sexual.

¿Para qué sirve el sexo? 

Ya sabés que una de las funciones del sexo es la procreación, y si bien hoy en día existen métodos a través de los cuales una mujer puede quedar embarazada sin la necesidad de una relación sexual, el sexo sigue siendo el medio más habitual para tener hijos.

Esta función es central en las clases de educación sexual. Pero ese recorte limita la sexualidad a temas relacionados con la anatomía, la fecundación, los métodos anticonceptivos y las enfermedades de transmisión sexual, dejando fuera a todo un abanico de posibilidades que nos ofrece el sexo y que son tan importantes ⎯¡o incluso más!⎯ que la reproducción. 

Este reduccionismo nos hace caer en un enfoque biologicista en donde no hay lugar para los sentimientos, las emociones, el morbo ni el placer. Una lástima: lo que se deja afuera es justamente lo más divertido. 

Cuando te diga qué otras funciones tiene el sexo, vas a decir “¡claro!” pero estamos tan habituados a los dogmas de las clases de educación sexual que no se nos ocurren así nomás. 

Primera otra función: crear espacios de intimidad

El encuentro sexual puede propiciar niveles de comunicación, contacto e intimidad que pocos escenarios permiten. El sexo une.

Los encuentros sexuales facilitan y fortalecen la construcción de relaciones y cuando uno logra este tipo de conexión con otra persona, se generan uniones intensas y profundas. Ahora debés estar pensando en aquella vez en la que no te sucedió nada de esto, incluso, te sucedió exactamente lo contrario. Es cierto, no siempre ocurre tal conexión pero puede pasar, y es una gran oportunidad. También es verdad que el sexo no siempre une, muchas veces también puede separar, pero lo que debemos aprender es a utilizar la sexualidad para enriquecer y fortalecer la relación con nosotros mismos y con los demás de forma inteligente.

Voy a detenerme aquí para hablarte de algo que posiblemente también te pasó. Muchas veces nos quisieron hacer creer que sólo se puede disfrutar del sexo en el marco de una relación formal, con compromiso y amor. Todo muy lindo, pero el sexo sin amor también puede ser enriquecedor, íntimo, divertido y útil. 

En realidad cuando me refiero al sexo sin amor, me estoy refiriendo al amor en el sentido que tradicionalmente se lo conoce, como un sentimiento profundo que se construye con el tiempo y generalmente se da, en el marco de una relación formal. 

Para hacer una confesión, hace unos años, no tenía dudas de que el amor y el sexo podían funcionar perfectamente diferenciados, pero con el tiempo fui cambiando mi visión: hoy creo que siempre que uno tiene sexo ⎯absolutamente siempre⎯, está buscando, dando y recibiendo amor. Desde la caricia tierna del enamorado hasta el latigazo del amo son diferentes formas de buscar amor.

Si pensamos en cómo es el sexo del resto de los animales, el ser humano es el único que elige esconderse para tener relaciones. El único para el cual, el encuentro sexual es un encuentro íntimo. Y por favor no quiero que se enojen los swingers, los exhibicionistas o los amantes del sexo grupal, ya iremos viendo que en una sexualidad inteligente hay lugar para todos. Porque una sexualidad inteligente deja de lados los prejuicios para abrir camino a la diversidad y al placer.

Segunda función: mejorar nuestra autoestima

¿Sabías que no hay ninguna persona que llegue a consultar a un sexólogo que no tenga problemas de autoestima? El sexo, y esto es fundamental, también nos ayuda en el desarrollo y el fortalecimiento de nuestra autoestima. Los problemas sexuales o la falta de una sexualidad libre y positiva, no solo debilitan la autoestima sino que impiden su desarrollo.

La autoestima es la percepción que tenemos de nosotros mismos. Puede ser positiva o negativa, y se construye a partir de lo que pensamos de nosotros, de lo que los otros piensan de nosotros y de la relación entre ambas visiones. 

Los sexólogos vemos constantemente cómo los pacientes mejoran su autoestima en la medida que resuelven sus problemas sexuales. Esto no quiere decir que una persona que no tiene problemas sexuales no tiene problemas de autoestima, pero sin dudas una vida sexual activa, libre y placentera nos ayuda a vernos y sentirnos mejor. 

Este punto es muy lógico, si la autoestima se construye a partir de lo que los demás piensan de nosotros, y los otros no se nos quieren acercar, la autoestima se va a debilitar. Por el contrario, si nos sentimos deseados, si sabemos que el otro quiere estar con nosotros y lo disfruta, nuestra autoestima se fortalece. Inevitablemente a todos nos gusta, necesitamos y nos da seguridad sentirnos elegidos, atractivos y deseados. 

La inteligencia sexual nos permite encontrar un punto de equilibrio entre lo que los demás pueden pensar y lo que cada uno cree de su sexualidad. Esto nos da la fortaleza y la seguridad para que un rechazo no destruya nuestra autoestima sexual, ni para que una caricia cargada de deseo nos haga creer que ese momento de enamoramiento será eterno sin que trabajemos para eso.

Este punto es importante: por más independientes que podamos ser siempre vamos a necesitar de la caricia del otro, ni más ni menos importante que la caricia de uno mismo. Una buena autoestima se construye dando y recibiendo amor y sexo.

Tercera función: encontrar el placer que necesitamos para seguir viviendo

La sexualidad es una puerta para encontrar y proporcionarnos placer. El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, en El malestar de la cultura, dice que el hombre es impulsado a actuar en la búsqueda de la felicidad. Esa búsqueda es la que lo lleva a perseguir el placer y evitar el dolor. Freud señala tres fuentes de sufrimiento: la debilidad del propio cuerpo, la resistencia del mundo natural y las relaciones con los demás. Frente a estas tres grandes fuentes de sufrimiento contamos con el sexo como una herramienta que nos proporciona la energía y las ganas de seguir adelante a pesar de las dificultades. 

Es cierto que nuestro cuerpo tiene sus debilidades, pero el sexo es una de sus mayores fuentes de placer y por eso podríamos considerarlo una de sus fortalezas. También es cierto que las relaciones con los otros a veces pueden ser conflictivas, pero sin sexo serían mucho más difíciles. 

Si bien no podemos vivir enamorados permanentemente ni en un orgasmo eterno, el sexo nos permite disfrutar de nuestro cuerpo, solos o acompañados, y nadie puede negar que la vida se ve de otra manera después de un buen encuentro sexual.

También es cierto que el sexo no es la única fuente de placer. Podemos sentir placer cuando comemos, cuando escuchamos música, o cuando hacemos cualquier otra actividad, pero, por muchas razones que iré describiendo a lo largo de este libro, el sexo es la mejor opción. 

No importa si sos rico, pobre, héterosexual, homosexual, bisexual, flaco, alto, petiso, gordo, discapacitado, si tenés 15 o 90 años, si la tenés grande o chica. Todos podemos disfrutar de la sexualidad porque la sexualidad es una sola y de todos. Hay cosas que podés hacer hoy que hace unos años no podías y otras que ya no podés o no te interesan. En algunos momentos, te podés encontrar con limitaciones y en otros podés sentirte Superman. Pero no creo en una sexualidad especial, creo que hay diferentes maneras de expresarla o disfrutarla, y que en el marco del respeto por el otro, todas las maneras de vivirla son válidas.

Una sexualidad inteligente puede no estar vinculada con la reproducción pero sí tiene que estarlo con la generación de intimidad, el aumento de la autoestima y la búsqueda del placer.

Entonces, acrecentar la intimidad, la autoestima y el placer son tres de las funciones del sexo que se suma a esa otra función con más prensa: la reproducción. 

¿Sabés cuál es la diferencia entre sexo y sexualidad? 

Tradicionalmente se diferencia a la sexualidad del sexo, entendiendo la sexualidad como un concepto más abarcativo, relacionado con la cultura y lo propiamente humano y al sexo se lo relaciona a la genitalidad, conectado con lo instintivo y lo animal.

En este contexto es que se habla de sexualidad infantil, de sexualidad en la relación entre una madre y su hijo, entre hermanos, o de la forma en que nos vinculamos con el trabajo o con cualquier otro aspecto de la vida. Desde esta perspectiva, la sexualidad abarca casi todos los componentes del sentimiento humano y se la entiende como una energía vital. Cualquier relación, cualquier contacto, cualquier sentimiento está enmarcado en la sexualidad.

Hablar de sexualidad resulta mucho más fácil que hablar de sexo, donde recaen más miedos y prejuicios. Por eso en este libro voy a ocupar también de los sentimientos pero quiero centrarme en el placer, en lo prohibido, en la cultura y sus límites pero también en la “bestia” que llevamos dentro. La sexualidad es cultura pero nadie puede negarnos que hay un momento donde nada importa, donde todo es cuerpo y alma, ese es el punto donde aparece el sexo, donde aparece nuestro lado más salvaje. Si todavía no te pasó, seguí leyendo porque es probable que antes de terminar el libro aparezca o al menos empiece a asomarse.

Durante siglos se intentó domesticar la sexualidad y el resultado fue la construcción de una sexualidad negativa, por eso el trabajo que hoy tenemos por delante es volver a encontrar nuestra esencia y a partir de ahí construir inteligentemente una sexualidad positiva. No hay que tener miedo porque estoy seguro de que una sexualidad positiva es mucho menos peligrosa que la que en general vivimos hoy en día. Tenemos que perder el miedo al sexo y para eso hay un solo camino: animarnos, dar cada día un paso, subir cada día un escalón y descubrir que mucho de lo que nos enseñaron es mentira.

Tantos años de ocultismo, miedos y prejuicios nos transformaron en idiotas sexuales, pero desarrollando nuestra inteligencia sexual podemos superarnos y descubrir una nueva sexualidad. Muchos sexólogos hablan del analfabetismo sexual como la falta de información acerca de la sexualidad. Yo prefiero hablar de desnutrición sexual o de desnutridos sexuales, porque considero que la sexualidad libre y placentera es nutritiva y nos permite crecer felices y saludables, y es justamente la inteligencia sexual la que va a permitir nutrirnos de una forma positiva y llena de vida.

La sexualidad se aprende

La sexualidad nos acompaña desde que nacemos hasta que morimos, y así como puede ser la fuente de los mayores placeres de la vida, también puede jugarnos en contra. Pero aquí vale una importante aclaración: lo que realmente puede jugarnos en contra es lo que pensamos sobre el sexo y lo que en función de eso hacemos o dejamos de hacer. 

La posibilidad de disfrutar depende en gran medida de la educación sexual que hayamos recibido. Y no existe la “no educación sexual”, los silencios y los vacíos están llenos de significados. Una educación demasiado estricta o conservadora, donde el sexo es visto como algo negativo, va a limitar nuestra posibilidad de disfrute. En cambio una educación más abierta, nos va a permitir disfrutar con mayor libertad. Pero no te preocupes, a ser libres también se aprende. Tanto la sexualidad como la libertad son un ejercicio. No todo se agota en la educación que recibimos, hay un momento en que nos tenemos que hacer cargo, experimentar y buscar toda la información que por miedo o ignorancia no nos transmitieron las personas que nos educaron.

Desde esta perspectiva, lo que planteo es una re educación sexual. Partimos de un conocimiento adquirido pero requiere ser repensado crítica y reflexivamente.

Uno de los grandes mitos que generan problemas sexuales es pensar que la sexualidad no se aprende, que es algo que surge espontáneamente y de manera natural. Que no es como escribir, leer, ir al baño o andar en bicicleta. 

Se aprende a acariciar, se aprende a besar, se aprende a coger, se aprende a tener un orgasmo y se aprende a manejar el reflejo eyaculatorio. Todo se aprende y como en todo hay quienes tienen más facilidades que otros. No todos podemos tocar el piano como Mozart, pero con práctica seguramente todos podremos tocar el piano, y lo tocaremos mejor o peor de acuerdo a la facilidad natural que tengamos y a la cantidad de horas que practiquemos. Lo que muchas veces es fundamental es un buen profesor o profesora. Un buen profesor nos ayuda a ganar tiempo, nos transmite su conocimiento y su experiencia. 

Lo que importa no es cómo toquemos el piano sino que lo disfrutemos. Ser bueno en la cama es poder disfrutar de cada momento, de cada etapa, de cada oportunidad de dar y recibir placer. Cuando logramos esto ya no existe la posibilidad de que algo salga mal y el orgasmo, la erección o la eyaculación pasan a ser secundarios. Esa es una sexualidad inteligente.

Como todo lo que se aprende, el sexo mejora con la experiencia. Por eso en general las primeras veces no son las mejores y el secreto está en sumar horas de práctica.

Esto no es algo nuevo, ya William Masters y Virginia Johnson (pioneros de la sexualidad en los setenta), alentaban a los demás a que explicaran sus escritos porque opinaban que, una vez asimilado por los especialistas, la información contenida en sus trabajos debía divulgarse a toda la población. Estaban convencidos de que la insatisfacción sexual tenía muchas causas, pero la crucial era la ignorancia.

Pasaron los años, y el conocimiento avanzó en todas la áreas, pero probablemente en el campo de la sexualidad todavía haya ideas que siguen siendo pensadas como hace 200 años. ¿O acaso, por ejemplo, no nos preguntamos todavía si masturbarse es bueno o malo?

La información que recibimos modela nuestros pensamientos, y los pensamientos tienen consecuencias directas en nuestra vida y en nuestra sexualidad. 

Conocer tu sexualidad es conocer tu cuerpo, tus sensaciones y tus emociones. Conocer tu sexualidad es conocerte.

Todos los días recibo en mi consultorio a pacientes que me plantean problemas originados y sostenidos por la falta de información o por mala información y esa información es transformada en teorías efectivas a la hora de generar “síntomas”. Hombres que se conectaron con su sexualidad a través de la culpa, masturbándose apurados por acabar lo antes posible y no ser descubiertos, y que hoy son eyaculadores precoces; mujeres que se creen anormales porque solo logran llegar a orgasmos estimulándose el clítoris o porque sus orgasmos no son los de la actriz porno que intentan imitar. Hombres que a los 70 pretenden tener la erección que tenían a los 20. Mujeres que no logran llegar al orgasmo con sus parejas y que nunca se masturbaron. Embarazadas que creen que no pueden tener relaciones sexuales porque afectarían al feto. Parejas que tienen relaciones anales como método anticonceptivo. Personas que se quedan tranquilas poniéndose el preservativo justo antes de acabar o que se ponen dos para duplicar su efectividad. Ejemplos hay miles, y seguirá habiendo. Cuando cierro la puerta de mi consultorio, después de haber explicado algunas cuestiones básicas me pregunto ¿quién les habrá dicho que la sexualidad debía ser así? 

No alcanza con entender que la sexualidad se aprende. Lo que aprendimos y hoy nos sirve, mañana puede dejar de ser útil. No hay dudas de que con el tiempo todo cambia. Nuestro cuerpo, nuestras ideas, nuestra forma de ver las cosas, todo, afortunadamente, cambia. Ya veremos que una de las capacidades de la inteligencia sexual es la de aprender y adaptarse a lo que la sexualidad nos enfrenta.

Por eso el desafío que se nos presenta es doble: debemos entender que el sexo se aprende, y nunca se deja de aprender. En sexualidad no hay títulos que acrediten cuánto sabemos realmente, pero si hubiese títulos habría que revalidarlos constantemente, porque lo que sabemos y nos sirve a los 15, no es lo mismo que necesitamos saber a los 30, a los 50 o a los 80. Es como la tecnología, cambia, avanza permanentemente y tenemos que ocuparnos de no quedar obsoletos. No tiene sentido mandar un telegrama cuando podemos mandar un mensaje de texto, de la misma manera que no tiene sentido limitar la sexualidad a la reproducción de la especie.

La sexualidad cambia y para disfrutarla tenemos que mantenernos actualizados, tanto en la teoría como en la práctica. Si fuese un pájaro, un ala sería la teoría y otra la práctica. Sabemos que ningún pájaro puede volar con una sola ala y lo mismo ocurre con la sexualidad. Para disfrutarla necesitamos de un buen equilibrio entre teoría y práctica. Este equilibrio nos lo da la inteligencia sexual, que nos permite desplegar las alas. 

Nuestra capacidad de adaptación y lo creativos que podamos ser son las claves para poder disfrutar del sexo a lo largo de la vida. Y la creatividad es como el deseo, para que aparezca hay que estimularla. En este sentido el libro pretende ser un estímulo, un disparador para la creatividad y el deseo. Para que te animes a cuestionar tus creencias sexuales, a descubrir qué es lo que más te gusta y que tu sexualidad, lejos de tener fecha de vencimiento, sea eterna e infinita.

De esto se trata el libro, de aprender, de abrir la cabeza, de animarse a cosas nuevas, de desarrollar nuestra inteligencia y de construir una sexualidad positiva.

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