“Mi novia llega al orgasmo solo si la toco. ¿Es normal?”“Después de acabar me cuesta bastante que se me vuelva a parar. ¿Es normal?”“Estoy casada hace 15 años y tenemos relaciones dos veces por mes. ¿Es normal?”“Mi novio dice que le encanta que le meta un dedo en la cola, a mí me parece medio raro porque los chicos con los que estuve antes jamás me lo pidieron. ¿Es normal?”“Tengo 17 años y me masturbo tres veces por día. ¿Es normal?”“Me calientan otros tipos ¿Es normal?”“Estamos casados hace 17 años. Mi deseo es nulo, él es un buen hombre pero no tengo ganas de nada. ¿Es normal?”“Le encontré a mi marido un consolador y un lubricante. Lo encaré y me dijo que los usa para masturbase. ¿Es normal?

Parece que todos estamos muy preocupados por saber si somos normales o no. Lo que tenemos que pensar es si esta pregunta es realmente importante y cuáles son los motivos que la generan tan frecuentemente.

Marta tiene 52 años. Un mañana, llegó a mi consultorio muy angustiada: “Estoy saliendo con un señor un par de años mayor que yo. Él me dice que no es normal que yo tarde más que él en acabar y que muchas veces me tenga que estimular manualmente para llegar al orgasmo. Yo quiero saber si es normal lo que me pasa y qué puedo hacer para tardar menos.”

Lo que seguramente le pasa a este señor es que compara a Marta con otras mujeres. Como las mujeres con las que estuvo antes tardaban menos que Marta en acabar, piensa que ese tiempo es el normal. Mucho o poco, rápido o muy tarde, son categorías muy relativas y subjetivas.

¿Cuánto es mucho? ¿Cuánto es poco? ¿Qué es lo normal? Son preguntas que solo se pueden responder desde la realidad y las experiencias de cada uno. Cinco horas teniendo relaciones sexuales podría parecerle una eternidad a un eyaculador precoz, que probablemente no llegue a las cinco horas ni sumando las relaciones de sus últimos cinco años, pero puede parecerle muy poco a un practicante de sexo tántrico que es capaz de pasar un día entero teniendo sexo.

La sexualidad es mucho más sencilla de lo que pensamos, pero está atravesada por miedos, mitos, prejuicios y por un poderoso deseo de ser “normales” que la complica. Pero… ¿qué es ser normal? ¿Quién dice qué es lo normal? ¿Es tan bueno ser normal?

Juan Carlos tiene 58 años, su aspecto es el de un hombre un poco más joven, es flaco, algo canoso, medirá 1,75. Se viste muy formal, con pantalón pinzado y casi siempre con una camisa de las del cocodrilo. Es divorciado y tiene tres hijos de algo más de 30 años con los que tiene muy buena relación, igual que con su ex mujer. Es profesional, y trabaja en forma independiente pero no tanto como cuando era más joven. Tiene su casa, su auto, su casa de veraneo y es socio de un club de la ciudad de Buenos Aires donde en general pasa los fines de semana al aire libre. ¿Qué podría preocuparle a este señor que parece tener una vida tan organizada? No había pasado mucho tiempo de la primera entrevista cuando le pregunté para qué venía a verme.

Estoy contento con la vida que llevo, pero hay algo que hago desde ya hacemuchos años. Lo empecé a hacer después de que me separé. La primera vez fue en unasvacaciones en Brasil. Me excita vestirme de mujer y salir de noche para ir a algún boliche.Hace unos años iba a un bolichito que estaba en la ruta, ya conocía al dueño y me tratabanmuy bien, hasta hice shows un par de veces. Los días que salgo “montado” me voy a unhotel en Constitución y ahí me cambio. Otras veces salgo mitad vestido de hombre y mitadde mujer, después termino de cambiarme en el auto. También me gusta mucho irme un finde semana a Punta del Este y hacerme una escapada a Maldonado, “montado” obvio. Dehombre me siento Woody Allen y cuando me monto soy Moria Casan, pero mucho más fina(aclara)…

¿Y qué es lo que le molesta? le pregunté.

No sé… ¿es normal lo que me pasa?

¿Es un problema para usted?

No, yo estoy bien, pero a veces se me complica. Si salgo me tengo que cortar los pelos y después no puedo ir a la playa ni a la pileta hasta que me crezcan. Imaginate que no puedo explicarlo. Igualmente mucho no me importa, antes me mataba escondiendo las cosas, ahora tengo toda la ropa de mujer debajo de la cama y si la encuentran, la encuentran. A veces me pregunto por qué me gusta vestirme de mina. De mina elegante, obvio. El problema es que me siento un bicho raro,

A Juan Carlos le preocupa sentirse anormal. En realidad, lo que deberíamos pensar es en por qué nos importa tanto que nuestros gustos se alejen de lo que se espera de nosotros.Juan Carlos “resolvió el problema” cuando comenzó a hacer ciclismo y encontró allí la mejor excusa para ir depilado al club.Hay mujeres a las que no les importa no tener más de un orgasmo hasta que se enteran de que otras los tienen. Hay hombres que no están preocupados por el tamaño de su pene, hasta que lo comparan con uno más grande. Gran parte de los supuestos “problemas sexuales” surgen de la comparación y de la necesidad de ser normales Todos tenemos la necesidad de pertenecer, de sentirnos parte y de tener cosas en común con los demás pero esto puede transformarse en un problema cuando ser diferentes nos angustia. Ser diferente a veces puede ser difícil. Pero mucho más difícil es ser feliz cuando, solo por pertenecer, nos forzamos a ser lo que no somos.

Entonces, ¿qué es lo normal?

El concepto de normalidad es relativo. Existe un criterio estadístico por el cual se consideranormal aquello que la mayoría hace. Es decir, el criterio es la cantidad de personas que coinciden en gusto, una orientación estética, sexual, etc. Si, por ejemplo, cada tanto la mayoría de los hombres nos vistiéramos de mujer para salir, Juan Carlos estaría tranquilo porque su conducta se convertiría en algo normal. Siguiendo el criterio estadístico, la masturbación es algo normal porque la mayoría lo hace. ¡Sí!! La mayoría lo hacemos y hay evidencia de eso en muchas investigaciones científicas. Lo mismo con la fidelidad, el sexo oral o el sexo anal. Si la mayoría lo hace entonces es normal, y las minorías serían las anormales por desviarse de la conducta mayoritaria.

El problema con este criterio es que lo estadísticamente normal en un país, en una ciudad o en un barrio, varía respecto de lo que es normal en otra sociedad. Desde esta perspectiva, lo normal estaría definido por lo que habitualmente se hace. Esto sepuede observar comparando familias. Mientras en una puede ser habitual que las parejas de adolescentes se encierren en el cuarto, en otras familias está totalmente prohibido y es visto como algo anormal simplemente porque nadie en el grupo lo hizo anteriormente.

Otro de los criterios que se utilizan para saber qué es normal, es comparar nuestra conducta con la del resto de los mamíferos. Este es un criterio filogenético. Observamos si otros animales se masturban, si tienen conductas homosexuales o si son o no monógamos. Este argumento pierde validez cuando entendemos que el ser humano es un ser social y no natural. Todo lo que hace o deja de hacer está atravesado por la cultura. Esto puede ser válido para defender la naturalidad de algunas conductas humanas pero no tiene demasiado sentido. Su aporte para muchos es tranquilizador pero su valor es más bien anecdótico.Otras perspectivas sobre lo normal están relacionadas con lo moral, lo legal y lo social;están vinculados entre sí y en nuestra sociedad se desprenden de los valores éticos de la tradición judeo–cristiana y de los cuerpos legales que se construyeron sobre ellos.

Si bien en el interior de la tradición judeo – cristiana hay muchas contradicciones en las queno nos vamos a meter, también hoy en día podemos ver algunas rupturas entre la religión y la legalidad. Algunos ejemplos son el divorcio o el matrimonio igualitario que son vistos como algo anormal desde la moral judeo cristiana pero que legalmente y socialmente son posibles y normales.

Si pensamos en el uso del preservativo no tenemos duda de que la mayoría lo usa, o deberíausarlo, con lo cual desde el punto de vista estadístico sería normal. Lo mismo sucede desde el punto de vista legal, porque, claramente, usar preservativo no es un delito, pero desde la concepción que sostiene la iglesia católica no es aceptado. Es asombroso estar hablando de esto a esta altura de la “civilización”, pero es real.

Estoy seguro de que en pocos años habrá dos cuestionas que serán duramente cuestionadas a la iglesia. Una es su oposición al uso del preservativo y la otra su posición frente al aborto. Podemos estar de acuerdo o no, pero son dos posiciones de las que dependen muchas vidas y muchas muertes, sobre todo de mujeres que no tienen acceso a clínicas privadas donde realizarse un aborto menos riesgoso.

El país, la sociedad a la que pertenecemos, atraviesa la legalidad. El matrimonio entre personas del mismo sexo, por ejemplo, está permitido en la Argentina pero no en otros países. La definición social, por otro lado, toma como parámetro si la conducta sexual hiereo causa daño a la sociedad o a sus miembros. Y en el caso de que así sea será considerado anormal.

Ante tanto punto de vista, para definir si algo es normal, antes deberíamos ponernos de acuerdo sobre qué criterio utilizar para calificar la conducta.

Evidentemente no hay acuerdo en relación a qué es lo normal y qué no lo es, y dependerá de la perspectiva que usemos para observar la conducta; pero también es importante saber dónde nos paramos cuando definimos algo como anormal.

Tener esto presente nos va a ayudar a la hora de pensar en cualquier tema o problemática sexual, y a entender que lo que define un problema sexual no es la normalidad o anormalidad, sino en qué medida afecta nuestra calidad de vida sexual.

Las anormalidades tienen que ver con la diversidad, sumar anormalidades no puede hacer otra cosa más que enriquecer nuestro tejido social.Tiene que ver con las singularidades de cada uno, y justamente son las diferencias las que nos permiten ser uno mismo.Una sexualidad inteligente está centrada en la singularidad del placer y no en la normalidad.

Hace unos años leí una historia que tiene mucho que ver con esto. La historia cuenta quehabía un árbol que vivía en un hermoso jardín rodeado de frutales y flores, pero estaba muyconfundido y angustiado porque de él no brotaban frutas ni flores. El manzano le insistía enque se concentrara para dar manzanas y el rosal lo desafiaba a que de sus ramas brotaranrosas. El árbol se esforzaba pero no lograda sus objetivos y se sentía casa vez másfrustrado. Un día, viendo al árbol tan triste, se le acercó un búho y le dijo: “No dediques tuvida a ser como los demás quieran que seas. Sé tú mismo, conócete, y para lograrlo,escucha tu voz interior” Al irse el búho, el árbol pudo cerrar sus ojos y sus oídos y alconectarse con su voz interior escuchó: “Tú jamás darás manzanas porque no eres unmanzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destinoes crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza alpaisaje”. Lo que no sabía el roble, es que el rosal se lamentaba porque sus ramas no erantan fuertes, ni sus rosas llegaban tan altas como las hojas de ese árbol con el que vivía en elhermoso jardín.

La inteligencia sexual requiere dejar de preguntarse y preocuparse por la normalidad para comenzar a conectarse con las necesidades y deseos propios. No importa si el pasto del vecino es más o menos verde, en realidad no importa el pasto del vecino. La comparación es muy buena amiga del concepto estadístico de normalidad pero uno de los principales enemigos de la felicidad sexual.

Aclarado esto, ahora sí podremos ocuparnos de esas anormalidades que tan felices y únicosnos hacen

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